Pedalear por la bajada Armendariz, con este clima solitario y depresivo, no solo hace que la tristeza rebote en mi cara, también me deja la nariz congelada y u vacío que asusta y duele hasta la garganta
Pedalear por el Malecón Barranquino, me llena de frío, alborota mi pelo y me llega hasta los tobillos.
Pensar que te has marchado, pensar que en julio ya no estarás conmigo, me hace caer por el camino.
Caminar de madrugada por estas calles, las que nos vieron enamorar. No es para llorar, pues se siente todo igual, el ruido, el aire, los murales, y la lata de cerveza que logro patear. Son los besos fantasmas que me hacen pensar que nada cambiará.
Al llegar, corro a mi lugar, ya son las cuatro de la madrugada, la boca reseca, la mirada agotada y un ¨te amaba¨ escondido bajo la cama.
Amor mio,
Salí a montar bicicleta no para encontrarte, sino con la esperanza de congelar mi corazón no frío.