Te escribo después de haber calmado los nervios y haber tomado casi 1 litro de agua, he tenido que recuperar el líquido que salió de mi cuerpo, por medio de lágrimas.
Los dedos dejaron de temblar.. y corrí a prender la computadora y escribirte este correo.
Gabriela ha mostrado su lado oscuro. Pensé que una chica como ella era realmente feliz al estar rodeada de arte, música y libros... PERO NO ES ASÍ! Tiene un lado oscuro, de esos que dan miedo, de esos que parecen fríos como el infierno!
Debí de sospecharlo aquella vez que fue a Crisol y compró "El guardián entre el centeno". Yo sabía de que trataba el libro pero no pensé que ella también tuviera un lado dominable y débil, ante las influencias que te causan ciertas historias..
Pasaron dos días.. y hoy se encerró en su cuarto escuchando repetidas veces una melódica música de Vivaldi, "Stravagaza" creo que se llama. (digo "creo" porque tú más que nadie sabe que yo no sé de esas cosas que ella suele escuchar).
Abrió la puerta de madera y esta vez el abrir sonaba a un crujido espantoso. Bajó corriendo las escaleras. Me sostuvo fuerte con sus brazos, me miró a los ojos, tratando de buscarse entre sus pupilas, tratando de ver a la criatura que en algún momento ambas fuimos, que en algún momento ambas amamos ser.
Al no encontrarse se desesperó, lloré, lloró, lloramos.
Yo le reclamaba a Susana porqué esta se equivocaba tanto, porqué había llegado a caer tan al fondo, porqué no se había dejado ayudar.
-EN QUÉ ESTABAS PENSANDO! PIENSA TE LO SUPLICO! HAZME CASO! - le grité. Esta vez lo iba a solucionar de una manera rápida y buena para ambas.
Yo le reclamaba a Susana porqué esta se equivocaba tanto, porqué había llegado a caer tan al fondo, porqué no se había dejado ayudar.
-EN QUÉ ESTABAS PENSANDO! PIENSA TE LO SUPLICO! HAZME CASO! - le grité. Esta vez lo iba a solucionar de una manera rápida y buena para ambas.
Con el dolor de mi alma cogí a Susana de los estúpidos cabellos que tiene, la tiré contra el suelo, saqué el cuchillo le raspé sus muñecas, el cuchillo se sintió seducido por ese tierno cuello y subió hasta él.
Gabriela me acarició con el cuchillo el cuello, yo no lo podía creer.
Ella quería eliminarme, es porque soy una tonta, lo sé, le causo vergüenza, la desespero, le doy impotencia...
La volví a mirar los ojos. Pero estaban llenos de rabia.
Intenté que sintiera que me dolía que ya no me amara. Intenté expresar con la mirada, no espanto, sino confianza y que recuerde que podemos revivir y empezar juntas de nuevo, como una sola niña, una mujer...
No soy esa chica que esta sentada al lado de la ventana con el vestido de seda blanco, con los labios rojos pintados, mostrándose como un pedazo de carne.
-Sí me quiero demonios! Lo que pasa es que tu misma no te entiendes y eso te da miedo.. y tu miedo lo escondes debajo de mis faldas, lo escondes conmigo, con Susana. No lo hagas! No por favor! - supliqué llorando.
-Sí me quiero demonios! Lo que pasa es que tu misma no te entiendes y eso te da miedo.. y tu miedo lo escondes debajo de mis faldas, lo escondes conmigo, con Susana. No lo hagas! No por favor! - supliqué llorando.
En qué momento sucedió? en qué momento me alejé?- dije, es decir, dijo Gabriela.
Tiró el cuchillo, se mordió las manos, se golpeó la cabeza contra la pared fría de la cocina. Lloró como cuando teníamos ocho años. Y la abrazé.
Y vine corriendo a escribirte.
Dormiremos juntas hoy. Hemos prometido que mañana nos olvidaremos de todo y que este secreto queda entre Gabriela, tú y yo, entre Susana, tú y yo.