I
Cada vez que abro un libro de una mujer siento como si me
fuera aburrir. No es por prejuzgar, pero si no es poesía, es difícil que lo lea.
La verdad es que me interesa muy poco, si me lees y optas tácitamente por enterarte de lo que sucedió, aún intento entenderlo, los que me "quieren" también tratan de entender, y los que están más allá, sentados en los sofás guindas, también. Es por
ello, que he sacado este cuaderno, quiero escribir y dibujar todo.
Quien sabe si tal vez, tú podrías ser quien me ayude a explicarle a toda la sarta de
estúpidos, lo que en verdad pasa por mi cabeza. Tú. A pesar de que
alguna vez hayas sentido que no valías nada, cuando tu padre te menospreciaba y te maltrataba, tú el que fue violado de pequeño, el que intentó suicidarse, el
que sentía ahogos de ansiedad, el que perdió a su hermano mayor en un
accidente, el que no quiso ir a estudiar por el acoso de sus compañeros, la que se
sentía gorda y lloraba en el baño, la bulímica, el sociopata, el excluido, el drogadicto, el prejuzgado... lo que quiero decir es que yo no te conozco,
ni sé cuales han sido tus diminutos problemas, pero puede ser que tal vez tú sí me
entiendas.
Entonces, si te escribo todo desde el comienzo me vas a entender, los otros me agobian con sus preguntas, me dan ganas de llorar y
reír al mismo tiempo. No me dejan tomar la calma. Es como estar echada en tu
cama y que se acerquen personas de dos metros, color gris, mientras más hablan, más
oscuros se ponen, hasta que llega un punto en el que ya no los entiendes, ya no hablan el mismo idioma. En cierta parte me da miedo
cuando esos mounstruos se acercan a mi cama. Se han olvidado que soy indefensa y necesito un abrazo.